La conexión entre transiciones y malestar
Es frecuente que los problemas de adaptación actúen como un catalizador para otros trastornos emocionales. Cuando no logramos sintonizar con una nueva realidad, es común experimentar picos de estrés o una ansiedad persistente que nos paraliza. Este desajuste a menudo se manifiesta como una tristeza persistente o episodios de depresión que surgen al intentar procesar un duelo, una separación o la presión de un entorno nuevo. La falta de resiliencia frente a estos eventos puede derivar en una baja autoestima, haciéndonos cuestionar nuestras capacidades para gestionar el presente.

